Nicolás Uauy

Nicolás Uauy

El año 1998 tuve mi primer acercamiento a Ahuenco. Recién egresado de ingeniería, yo me había ido a vivir y trabajar a Chiloé, en Queilen específicamente, y durante un fin de semana largo, junto a un grupo de amigos de Quinchao, bajamos el Río Chepu en kayak, saliendo desde las afueras de Castro y terminando en la desembocadura del Chepu. Fue entonces que nos contaron de una comunidad de conservación un poco más al sur de ahí, donde al parecer había una importante colonia de pingüinos.

Un par de años después, junto a Cristóbal Tello y Pancho Urrutia hicimos un tramo de la misma travesía, con más de un volcamiento y hundimiento de por medio. Nuevamente, estando muy cerca de Ahuenco, pero sin llegar ahí, me contaron varias historias sobre aquel lugar.

En los años que vinieron, volví a escuchar noticias de Ahuenco cuando fui estudiante en Cambridge y junto a mi amiga Paula Troncoso “bajamos” el Río Cam hasta Granchester, cuando trabajaba en el BID en Washington D C y recibí visitas de amigos como Manuel Bagnara que habían estado recientemente en Ahuenco, y cuando volví a Chile el año 2007 y me reencontré con todos los amigos ya citados.
Hoy tengo la suerte de poder incorporarme a este notable emprendimiento, que reúne a varios antiguos amigos, y ojala a muchos nuevos amigos. Junto a mi pareja Mariana, en abril de este año finalmente pude conocer Ahuenco y tengo que decir que superó todas las expectativas forjadas a lo largo de los últimos diez años. Ya no me contarán historias de los pingüinos, los bosques, los pudus y todo el resto. Ahora soy yo el que cuenta historias.